El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha declarado conforme a derecho la extinción de la relación laboral a instancias del trabajador por el perjuicio a su formación profesional y menoscabo de su dignidad.

En el caso en concreto, el trabajador desempeñaba el puesto de inspector de una estación, encargándose de la expedición de billetes y realizando la inspección en ruta. Tras 41 años de servicios realizando dichas tareas, la empresa le notificó que a partir de entonces solo se encargaría de las labores de expedición de billetes en taquilla.

A este respecto el Tribunal apunta que “no se trata meramente de la simple proposición u orden de la empresa del desempeño de cargo distinto dentro de los límites de la movilidad funcional, sino de la auténtica y permanente asignación de un puesto de trabajo de inferior categoría mediante la privación de las funciones superiores de inspección y decisión que hasta el momento venía desempeñando”.

Debemos recordar que en virtud del artículo 50.1 del Estatuto de los Trabajadores el trabajador tendrá derecho a indemnización por despido improcedente cuando sufra un perjuicio en su formación profesional o un menoscabo de su dignidad generado por una modificación sustancial de sus condiciones de trabajo.

En este sentido el Tribunal señala que este artículo será de aplicación “tanto en los casos en que el empresario no le encomienda tarea alguna, como cuando les asigna funciones de grupos profesionales inferiores, o le impide la adquisición de conocimientos precisos para su desarrollo profesional”.

El Tribunal entiende que en estos casos la dignidad del trabajador se puede ver vulnerada por actos empresariales cuya finalidad esencial es la de menoscabar la consideración social o el autoestima del trabajador. Además, supone un ataque al respeto que el trabajador merece ante sus compañeros de trabajo y jefes.

En conclusión, el trabajador tiene derecho a ser indemnizado porque se ha producido un grave incumplimiento empresarial de lo pactado en el contrato de trabajo que frustra las legítimas aspiraciones o expectativas del empleado.